Una profunda confianza en papá (Meditación en el Salmo 119:43-44)

No me quites de la boca la palabra de verdad, pues en tus juicios he puesto mi esperanza. Por toda la eternidad obedeceré fielmente tu ley.

A veces, desde una habitación distante puedo escuchar que uno de mis hijos le dice al otro: «Mi papá me dijo que podía hacerlo», y con firme confianza procede a decirle a su desinformado hermano la «nueva regla» según papá. ¿Tal vez has estado ahí como papá? Debo admitir que es tierno y puede ser divertido escucharlos. Para mis hijos, su esperanza en mis reglas corre muy profundo, y su confianza es fuerte. Ellos saben que si alguien se burla de ellos o los agravia, yo vendré al rescate y haré valer mi palabra ante su acusador… ¡aunque sea tan simple como ayudarlos a zanjar una disputa con su hermano o hermana sobre quién puede jugar con determinado juguete! Es en estos momentos fugaces que, como padre, veo un más profundo atisbo de nuestro Padre celestial.

Hay un testimonio sorprendentemente similar que cada uno de nosotros tenemos como creyentes en Cristo, el testimonio del Espíritu Santo que mora en nosotros. ¿Cuál es ese testimonio? Lo hallamos bellamente articulado en Romanos 8:15-16:

Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: «¡Abba! ¡Padre!». El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios.

El testimonio del Espíritu Santo está capturado en esas dos sorprendentes palabras: ¡Abba! ¡Padre! El conocimiento teológico más profundo, los grados académicos más altos, y ganar cada concurso bíblico que juegues jamás va a reemplazar el único verdadero testimonio del Espíritu Santo, por quien podemos clamar ¡Abba Padre! Los demonios saben mucho acerca de Dios, pero nunca podrán clamar «¡Abba Padre!». Traducido aproximadamente, Abba significa «papá», aunque fue dejado intencionalmente en su original arameo en la mayoría de las traducciones bíblicas por el puro impacto que representaba esta palabra respecto a la relación que podemos tener con Dios ¡Papá! Ya no somos esclavos del pecado esclavista, dominados por el miedo, ¡sino que hemos sido injertados en la rama, adoptados como hijos y coherederos con Jesús!

Me gustaría animarte a hacer una breve pausa y recordar las palabras que has dicho personalmente hace poco. Tómate un momento para hacer este simple ejercicio conmigo:

Piensa en las últimas 3 personas con las que interactuaste y repasa en tu mente las palabras que había en tus labios. Lentamente, una interacción a la vez… todas las palabras que había en tus labios. Repásalas en los ojos de tu mente.

Considera la correlación que establece el salmista entre tu esperanzay tu boca. ¿Estás reflejando el profundo testimonio «Abba Padre» del Espíritu Santo en las palabras que dices? Cuando permitimos que los temores de la vida y la carne tomen el control, tendemos a rehuir el hablar con valor la Palabra de Dios. Perdemos de vista quién es nuestro Papá… nos deslizamos, como dice el autor de Hebreos. ¿Es profunda tu esperanza en el conocimiento de la ley de Dios, sabiendo con confianza que su Palabra no regresará vacía, y podemos acercarnos a su trono con seguridad y confianza? No con temor, como si todavía estuviéramos dominados por el esclavista, el pecado.

Dios es verdadero, sus juicios son justos. Romanos 3:4 nos dice: «Dios es siempre veraz, aunque el hombre sea mentiroso. Así está escrito: “Por eso, eres justo en tu sentencia, y triunfarás cuando te juzguen”». Al igual que el salmista, que dice que su esperanza está en las normas de Dios, o sus juicios, él sabe que Dios hará lo que ha prometido. Por causa del que desprecia, mencionado en el verso 42, el salmista le ruega a Dios que no quite la palabra de verdad por completo de su boca; él descansa en la ley de Dios y le pide que sea fiel a esas palabras. ¿Te han agraviado? ¿Alguien te ha despreciado recientemente o ha hablado de ti a tus espaldas? ¡Cobra ánimo! No dejes que la palabra de verdad sea quitada de tu boca; ¡espera en su palabra! Así como la profunda confianza que mis hijos tienen en su papá, recuerda quién está sentado en el trono del cielo, ¡Abba, Padre!

Permanece en su Palabra, deléitate en ella, y obedécela.

Brandon Harvath