El supuesto detrás del cuestionamiento a Dios (Meditación en el Salmo 119:83-84)

Parezco un odre ennegrecido por el humo, pero no me olvido de tus decretos. ¿Cuánto más vivirá este siervo tuyo? ¿Cuándo juzgarás a mis perseguidores? 

Duro, reseco, encogido, rostizado; eso es lo que causa el humo de un fuego. El fuego del refinador puede calentarse bastante, pero qué glorioso producto promete. ¿Cómo está trabajando el fuego del refinador en ti este año? ¿Te sientes últimamente como una pasa reseca, siempre bajo el calor del sol? Tal vez estés pensando lo mismo que el salmista en el verso 84: ¿cuánto más debo soportar esto? Si es así, glorifica a Dios, porque detrás de esa pregunta hay un bello supuesto al cual quiero volver tu atención: Dios tiene el control absolutoincuestionablede cada aspecto de tu vida. Cada dificultad, dolor, enfermedad o persecución está produciendo en ti algo de significación eterna, no como la piel temporal en la que habita tu alma durante esta vida… ¡este dolor está produciendo verdadera vida! ¿Cómo lo sabemos? 

En Romanos 7 leemos que nuestra carne pecaminosa solo es capaz de producir una cosa: muerte. De hecho, en Romanos 6 leemos que el salario que paga el «pecado» esclavista esmuerte… ¡muerte eterna es la moneda que ganan nuestras obras pecaminosas bajo la ley del pecado y la muerte! Lo que es más increíble, leemos que ¡el regalo gratuitode Dios es vida eterna en Jesucristo! El fuego del refinador nos santifica, nos purifica en preparación para aquella gran boda donde finalmente seremos presentados como una novia sin manchas. De hecho, «los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento» (2 Corintios 4:17). ¡Esa sí que es una declaración potente! Si este año no has tenido dificultades ni dolor alguno, quizá eso sea algo maravilloso, pero si te ha faltado crecimiento espiritual, quizá una oración significativa para considerar este año nuevo sea: «Señor, produce en mí un eterno peso de gloria… a cualquier costo».

En este hermoso día invernal, me aventuro a adivinar que lo último que está recordando tu mente es ponerte bloqueador solar. Si eres como yo, tal vez no pienses en ello, ni siquiera cuando deberías en los días de verano. Al comienzo del año, tuve que recordar por las malas lo importante que es ser disciplinado en proteger nuestra piel del intenso calor y luz del sol. Quince puntos, una buena medida de dolor, y una larga cicatriz en mi bíceps me lo recordarán el resto de mi vida. Esa cicatriz también me recuerda el poder salvador de vida que posee el bisturí del cirujano. Si estás en medio de pruebas, dolor, tentaciones, o persecución, recuerda los estatutos de Dios. Recuerda que cualquier prueba en esta tierra es trivial comparada con una eternidad separado de Dios en el infierno. Como la cicatriz en mi brazo, el dolor es ligero, momentáneo y necesario. ¡Alabado sea Dios por el dolor! Apóyate en su Palabra, en sus promesas, en su Hijo, Jesucristo. La dificultad es ligera y momentánea en vista de la eternidad, ¡y está produciendo en ti un eterno peso de gloria!

Brandon Harvath