Confiar en Dios en el desaliento (Meditación en el Salmo 119:81-82)

Esperando tu salvación se me va la vida. En tu palabra he puesto mi esperanza. Mis ojos se consumen esperando tu promesa, y digo: «¿Cuándo vendrás a consolarme?».

En la undécima estrofa del Salmo 119 (subtitulada con la letra hebrea «kaf»), el tono del salmista se convierte en lamento, al reflexionar en lo que parece una prolongada época de prueba y sufrimiento. Aunque en las diez estrofas previas ha abordado su aflicción, también en cada caso ha recordado rápidamente la bondad de Dios demostrada en sus testimonios. En esta estrofa, sin embargo, su desaliento es evidente en tanto que lucha por entender lo que Dios está haciendo.

Comenzando con el verso 81, el salmista expresa su profundo anhelo de la «salvación» de Dios. La palabra hebrea para «se me va» aquí es kalah, que significa «consumir, faltar, agotar, perder». La palabra hebrea para «salvación» es tsuah, que significa «victoria, liberación, un rescate de los enemigos terrenales» más bien que la salvación de Dios de justificación por gracia mediante el arrepentimiento y la fe. La mismísima alma del salmista está perdiendo las fuerzas mientras espera la liberación de Dios de esas circunstancias. No obstante, puesto que conoce el carácter de Dios porque ha permanecido en sus testimonios, puede recordarse a sí mismo que solo en la palabra de Dios hallará esperanza; no en la ausencia de pruebas. En el verso 82, el salmista lamenta que aún tiene que ver el cumplimiento de lo que Dios ha prometido. Esta y otras traducciones del verso enfatizan el largo tiempo que el salmista ha pasado buscando la promesa de Dios: «Los ojos se me apagan esperando tu promesa» (RVC); «Mis ojos se esfuerzan por ver cumplidas tus promesas» (NTV). Es como si hubiera estado mirando al horizonte en busca de un atisbo de la actividad de Dios en su aflicción y sus ojos sintieran el cansancio de su mirada fija.

Aunque los versos de esta estrofa dedican más tiempo que otros a enfocarse en el lamento e incertidumbre del salmista respecto a lo que Dios está haciendo (¡alerta de spoiler!), él nuevamente volverá a las verdades a las que se ha aferrado como una forma de combatir su agotamiento. Él escogerá desechar su desaliento antes que permitir que este moldee su forma de ver a Dios. Este es también nuestro desafío.

En épocas prolongadas de prueba puede resultar fácil hastiarse. En nuestro desaliento podemos comenzar a preguntarnos si nuestras oraciones están siendo escuchadas. Podemos caer en quejas y negatividad que, si no son controladas, pueden dar lugar a una distorsionada visión de Dios. Cuando el desaliento se convierte en el lente por el cual vemos nuestra vida, aun podríamos cuestionar si se puede confiar en las promesas de Dios. Es entonces cuando, como hace el salmista a través del Salmo 119, debemos combatir nuestros sentimientos de desesperanza con la verdad de la Palabra de Dios, especialmente en vista de que ella declara que él es digno de confianza.

En su libro Confiando en Dios, el fallecido autor Jerry Bridges nos recuerda: «La confianza no es un estado mental pasivo. Es un vigoroso acto del alma por el cual elegimos asirnos de las promesas de Dios y aferrarnos a ellas a pesar de la adversidad que a veces intenta abrumarnos». En términos prácticos, esto significa que cuando la adversidad intenta secuestrar nuestra fe, debemos recordarnos quién es Dios y quiénes somos nosotros como sus amados meditando y permaneciendo en su Palabra.

Las siguientes son tres verdades para reflexionar sobre por qué podemos confiar en Dios cuando no sabemos qué está haciendo:

1) Él es totalmente soberano. Como Creador de todas las cosas, Dios gobierna sobre todas las cosas (Colosenses 1:16-17) y les ha dado un propósito a todas las cosas (Isaías 46:9-10). Lamentaciones 3:37 dice: «¿Quién puede anunciar algo y hacerlo realidad sin que el Señor dé la orden?». Nada ocurre que él no sepa y nada lo toma por sorpresa. Podemos confiar en que detrás de nuestro sufrimiento hay un propósito, aunque no podamos verlo. Él será glorificado y nosotros santificados (progresivamente conformados a la semejanza de Cristo) por haber soportado fielmente las pruebas, confiando en que sus propósitos se están llevando a cabo (Santiago 1:4; Proverbios 19:21).

2) Su sabiduría es infinita. Dios, como Creador soberano, posee todo conocimiento; de hecho, él es el origen de todo conocimiento. En su libro None Like Him, Jen Wilkin explica esta verdad: «La perogrullada “todos los días se aprende algo nuevo” no se aplica a él en absoluto. Él nunca ha aprendido algo nuevo. Al no estar limitado por el tiempo, Dios conoce todas las cosas pasadas, presentes y futuras, así como las que existen fuera del tiempo. Y él nunca olvida, porque está en todas partes, plenamente presente». Si la sabiduría es conocimiento aplicado, se sigue que la sabiduría de Dios no tiene rival. En nuestras épocas de prueba, podemos confiar en que la sabiduría de Dios al permitir que el sufrimiento entre en nuestra vida supera nuestra limitada comprensión de lo que él está haciendo en tales momentos. Él nos da por gracia la sabiduría que necesitamos para soportar mediante su Palabra (Proverbios 2:6-7), y no la retiene cuando le pedimos sabiduría con fe (Santiago 1:5-8). A fin de cuentas, habrá cosas que jamás sabremos ni comprenderemos (Deuteronomio 29:29, Romanos 11:33) pero podemos confiar en que en su soberanía e infinita sabiduría él nos guiará en la adversidad (Proverbios 3:5-6).

3. Él nos ama con su amor perfecto. Lamentaciones 3:22-26 proclama estas bellas verdades a las que podemos aferrarnos: «El gran amor del Señor nunca se acaba, y su compasión jamás se agota. Cada mañana se renuevan sus bondades; ¡muy grande es su fidelidad! Por tanto, digo: “El Señor es todo lo que tengo. ¡En él esperaré!”. Bueno es el Señor con quienes en él confían, con todos los que lo buscan. Bueno es esperar calladamente que el Señor venga a salvarnos». La palabra para «salvación» en este pasaje es la misma palabra hebrea usada en el Salmo 119:81. Podemos confiar en que la fidelidad del pacto de Dios, manifestada en su gran amor, es nuestra por ser sus hijos. Es importante observar que su pacto no se establece sobre la base de la fidelidad humana, sino en la de él. De la misma manera, la soberana misericordia de Dios se hace manifiesta en el nuevo pacto mediante la obra consumada de Cristo en la cruz para expiar nuestros pecados, no mediante nuestros mejores intentos por cumplir su ley. Aquí es donde su perfecto amor es sumamente evidente (Romanos 5:8, 1 Juan 4:9-10, Juan 3:16). Romanos 8:31-39 nos recuerda que, a causa de su amor de pacto por nosotros, Dios es por nosotros, dio a su Hijo por nosotros, Cristo intercede por nosotros, y NADA puede separarnos del amor de Dios en Cristo Jesús nuestro Señor.

Cuando nuestra fe flaquea, debemos confesarle nuestra lucha (Marcos 9:24) y pedirle la gracia para confiar en él como deberíamos (2 Corintios 12:9).  Puede que no tengamos ánimo de confiar en Dios en nuestra aflicción, pero podemos escoger confiar en él basados en lo que sabemos que es verdad acerca de él. No obstante, no podemos saber qué es verdad a menos que permanezcamos en su Palabra, en la cual se revelan su soberanía, sabiduría y perfecto amor. Entonces podemos alegrarnos como hizo David en el Salmo 9:9-10:

El Señor es refugio de los oprimidos; es su baluarte en momentos de angustia. En ti confían los que conocen tu nombre, porque tú, Señor, jamás abandonas a los que te buscan.

Ellen Melnick